
A nadie le caben dudas de que ETA necesita al PNV para conseguir sus objetivos. Asimismo no somos pocos los que creemos que igualmente el PNV necesita a ETA para mantener el Gobierno Vasco, combinando la imagen amable y democrática del nacionalismo, y a la vez desde el poder exhibir las posturas más radicales, amparadas en la necesidad de acabar con la violencia con un resultado acorde con las exigencias del propio PNV y de los propios terrorista. No en vano para el PNV, como para ETA existe el ‹‹conflicto››, y éste, a su juicio sólo se puede resolver mediante concesiones soberanistas por parte del Estado, según el submundo filoetarra, amparadas nada menos que en los parámetros de la ONU. Tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, fugazmente, se llegó a pensar que la movilización ciudadana de reacción contra el entorno etarra y contra el nacionalismo vasco en su conjunto podría dar lugar a la desaparición de la banda terrorista y el PNV temió por los riesgos que la situación suponía para conservar el poder tras aquellos sucesos. Sirva de ejemplo la afirmación de un dirigente peneuvista en fechas posteriores: sin ETA el PNV se convertirá en un partido vulgar.
ETA es consciente de la debilidad de su apoyo social y electoral, pero no admite actuar al dictado del resto de fuerzas nacionalistas. Quiere ser ella la que marque la pauta de las actuaciones tendentes a obtener los objetivos soberanistas, bien mediante la negociación con el Estado o desbordando el marco constitucional por la vía de los hechos consumados. En el PNV saben que sin ellos la utopía etarra es inalcanzable, pero a la vez son conscientes de que en una hipotética euskalerria independiente ambas organizaciones tendrían que disputarse la hegemonía política, probablemente de forma enconada.
Si se excluyen la común ambición anexionista e independentista, ETA y el PNV no comparten nada. Entre ambas fuerzas no existe ninguna otra coincidencia ya que el sustento ideológico de cada una procede de extremos opuestos. El PNV es un partido de origen confesional y conservador en lo social y en materia económica, coincidente con las preferencias hasta ahora mayoritarias de la sociedad vasca. ETA era y es una organización marxista, y su objetivo último es establecer un régimen socialista, paradójicamente en una patria constituida por criterios étnicos.
Aunque con matices, desde el comienzo de la democracia el PNV es hegemónico, y ETA no. No existen indicios que permitan pensar que los apoyos respectivos vayan a alterarse notablemente, por lo que en una situación como la citada, la fortaleza de cada uno no debería variar de forma significativa. Sin embargo ETA es una organización terrorista, criminal y mafiosa, que tiene armas, explosivos y capacidad de chantaje. ¿Alguien piensa que en esa ensoñada euskalerria independiente, ETA, aun en inferioridad, permanecería pacientemente en un rincón contemplando como el poder pasa de lejos ante ellos?
ETA es consciente de la debilidad de su apoyo social y electoral, pero no admite actuar al dictado del resto de fuerzas nacionalistas. Quiere ser ella la que marque la pauta de las actuaciones tendentes a obtener los objetivos soberanistas, bien mediante la negociación con el Estado o desbordando el marco constitucional por la vía de los hechos consumados. En el PNV saben que sin ellos la utopía etarra es inalcanzable, pero a la vez son conscientes de que en una hipotética euskalerria independiente ambas organizaciones tendrían que disputarse la hegemonía política, probablemente de forma enconada.
Si se excluyen la común ambición anexionista e independentista, ETA y el PNV no comparten nada. Entre ambas fuerzas no existe ninguna otra coincidencia ya que el sustento ideológico de cada una procede de extremos opuestos. El PNV es un partido de origen confesional y conservador en lo social y en materia económica, coincidente con las preferencias hasta ahora mayoritarias de la sociedad vasca. ETA era y es una organización marxista, y su objetivo último es establecer un régimen socialista, paradójicamente en una patria constituida por criterios étnicos.
Aunque con matices, desde el comienzo de la democracia el PNV es hegemónico, y ETA no. No existen indicios que permitan pensar que los apoyos respectivos vayan a alterarse notablemente, por lo que en una situación como la citada, la fortaleza de cada uno no debería variar de forma significativa. Sin embargo ETA es una organización terrorista, criminal y mafiosa, que tiene armas, explosivos y capacidad de chantaje. ¿Alguien piensa que en esa ensoñada euskalerria independiente, ETA, aun en inferioridad, permanecería pacientemente en un rincón contemplando como el poder pasa de lejos ante ellos?
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