
Desde los albores de la democracia en que la ciudadanía pudo expresar sus preferencias electorales, el entorno etarra ha sido consciente de su limitado respaldo popular. Para la banda terrorista la alternativa a partir de aquel momento fue la guerra de desgaste contra el Estado, hasta doblegar la voluntad de éste y de la sociedad en general, de modo que el precio a pagar -anexión forzada de Navarra e independencia-, fuera menos gravoso que las consecuencias de la continuidad del terrorismo.
A partir de la detención en 1992 de los máximos dirigentes etarras, la banda, consciente de su debilidad y de la imposibilidad de mantener esa estrategia, se orientó hacia el resto de fuerzas nacionalistas, lo que supuso el inicio de las conversaciones con el PNV, directamente o a través de HB, que culminaron en el pacto de Estella y los acuerdos secretos que se firmaron simultáneamente entre esas organizaciones. La estrategia etarra de desbordar el marco constitucional con el apoyo del PNV aún se mantiene. Esa estrategia sólo ha sufrido un paréntesis marcado por el proceso de negociación con el PSOE y el Gobierno en la pasada legislatura. A pesar del fracaso de las conversaciones, ETA pretendió retomarlas condicionando la voluntad de sus interlocutores mediante los atentados contra las sedes y los militantes del PSOE en los primeros meses de este año.
Tras las elecciones, la banda terrorista ha recibido con nitidez el mensaje de que en las actuales circunstancias no hay negociación posible con el Estado, por lo que ETA ceja en su intento de retomar la entente nacionalista, para lo que es de nuevo imprescindible el apoyo del PNV. De este modo el objetivo de los atentados pasa a ser de nuevo la Policía Autonómica.
¿Han entendido el mensaje los señores del PNV?
Si tuvieran dificultades para hacerlo me voy a permitir ayudarles:
A la fiera no se le prohíbe manifestarse.
A la fiera no se le disuelve el grupo parlamentario cuando son ilegalizados sus partidos títeres.
A la fiera no se le insta a sumarse a propuestas soberanistas, confiando en que en algún momento puedan resultarle convincentes, pese a que por conveniencia o para evidenciar la tibieza del PNV, en determinadas condiciones pueda apoyarlas.
A la fiera se le secunda en sus propias propuestas rupturistas para desbordar el “muro constitucional que constriñe los derechos fundamentales de los vascos”.
Claro que una vez superado el “muro” la fiera bien podría devorar a los que le han acompañado en la aventura, para alcanzar en solitario el poder absoluto.
Asimismo, conozco una comunidad autónoma que cuenta con varias cajas de ahorro, algunas sólo de ámbito provincial. Entre otros, el Órgano de gobierno de la Comunidad vienen lanzando desde hace tiempo mensajes en torno a la conveniencia de iniciar un proceso de fusión entre entidades, operación que consideran imprescindible para afrontar los nuevos tiempos de incertidumbre con la fortaleza adecuada. Tanto los representantes de las cajas provinciales como los dirigentes políticos de cada territorio muestran reticencias a participar en un proyecto común cuyo resultado a buen seguro les restaría influencia y protagonismo.
A diferencia de otros sitios, en la Comunidad a la que me refiero a nadie se la ha ocurrido poner bombas en las sedes de las cajas reacias a la fusión.
Estoy por tanto de acuerdo con Ibarreche en que la Comunidad Autónoma Vasca necesita un proceso de normalización política, ya que sin duda la situación actual es del todo anormal.
Al margen del acuerdo en la conveniencia del uso del término normalización, dudo que Ibarreche y yo coincidamos en su significado.
A partir de la detención en 1992 de los máximos dirigentes etarras, la banda, consciente de su debilidad y de la imposibilidad de mantener esa estrategia, se orientó hacia el resto de fuerzas nacionalistas, lo que supuso el inicio de las conversaciones con el PNV, directamente o a través de HB, que culminaron en el pacto de Estella y los acuerdos secretos que se firmaron simultáneamente entre esas organizaciones. La estrategia etarra de desbordar el marco constitucional con el apoyo del PNV aún se mantiene. Esa estrategia sólo ha sufrido un paréntesis marcado por el proceso de negociación con el PSOE y el Gobierno en la pasada legislatura. A pesar del fracaso de las conversaciones, ETA pretendió retomarlas condicionando la voluntad de sus interlocutores mediante los atentados contra las sedes y los militantes del PSOE en los primeros meses de este año.
Tras las elecciones, la banda terrorista ha recibido con nitidez el mensaje de que en las actuales circunstancias no hay negociación posible con el Estado, por lo que ETA ceja en su intento de retomar la entente nacionalista, para lo que es de nuevo imprescindible el apoyo del PNV. De este modo el objetivo de los atentados pasa a ser de nuevo la Policía Autonómica.
¿Han entendido el mensaje los señores del PNV?
Si tuvieran dificultades para hacerlo me voy a permitir ayudarles:
A la fiera no se le prohíbe manifestarse.
A la fiera no se le disuelve el grupo parlamentario cuando son ilegalizados sus partidos títeres.
A la fiera no se le insta a sumarse a propuestas soberanistas, confiando en que en algún momento puedan resultarle convincentes, pese a que por conveniencia o para evidenciar la tibieza del PNV, en determinadas condiciones pueda apoyarlas.
A la fiera se le secunda en sus propias propuestas rupturistas para desbordar el “muro constitucional que constriñe los derechos fundamentales de los vascos”.
Claro que una vez superado el “muro” la fiera bien podría devorar a los que le han acompañado en la aventura, para alcanzar en solitario el poder absoluto.
Asimismo, conozco una comunidad autónoma que cuenta con varias cajas de ahorro, algunas sólo de ámbito provincial. Entre otros, el Órgano de gobierno de la Comunidad vienen lanzando desde hace tiempo mensajes en torno a la conveniencia de iniciar un proceso de fusión entre entidades, operación que consideran imprescindible para afrontar los nuevos tiempos de incertidumbre con la fortaleza adecuada. Tanto los representantes de las cajas provinciales como los dirigentes políticos de cada territorio muestran reticencias a participar en un proyecto común cuyo resultado a buen seguro les restaría influencia y protagonismo.
A diferencia de otros sitios, en la Comunidad a la que me refiero a nadie se la ha ocurrido poner bombas en las sedes de las cajas reacias a la fusión.
Estoy por tanto de acuerdo con Ibarreche en que la Comunidad Autónoma Vasca necesita un proceso de normalización política, ya que sin duda la situación actual es del todo anormal.
Al margen del acuerdo en la conveniencia del uso del término normalización, dudo que Ibarreche y yo coincidamos en su significado.
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