
Así se titula uno de los capítulos del libro que Kepa Aulestia publicó en 1998, “ETA. Crónica de un delirio”.
“Si tu repuesta es no, la propuesta tampoco ha existido. ¿Me explico? Es la frase que resume la propuesta que un dirigente local de HB formuló a un joven regatista no afiliado a la coalición, para que ocupara un puesto en la candidatura a las próximas elecciones municipales.
El chico pertenecía hasta ese momento a los círculos exteriores del mundo etarra. Según la posición que cada uno ocupe, según el círculo al que pertenezca, se participará en una variedad más o menos amplia de formas de encuadramiento. El círculo exterior participará en las elecciones con su voto y asistirá a las grandes manifestaciones. Leerá el periódico afín al entorno etarra y es probable que lo compre en ocasiones. En el siguiente círculo se sitúan quienes además de las vinculaciones anteriores participan en todo tipo de actos y concentraciones que se organicen. La pertenencia a los círculos más próximos al núcleo implica que el nivel de compromiso se va incrementando en paralelo con la dedicación personal.
El vínculo establecido no admite ‹‹medias tintas››; o se está o no se está. Así las convocatorias del mundo radical, activadas en cascada, tienen el éxito garantizado de antemano. No puede ser de otra forma ya que, en sentido figurado o no, los organizadores pasan lista.
En los actos y declaraciones que en los últimos meses han realizado los dirigentes y meritorios del entramado etarra, se aprecia un único objetivo: mantener cohesionado su sustrato social a la espera de tiempos mejores. Está descartada la participación de la opción electoral etarra-batasuna en las próximas elecciones autonómicas vascas, y desde los restantes partidos nacionalistas se están lanzando continuos ‹‹cantos de reclamo›› hacia el electorado radical. En ese marco debe situarse la actitud de EA, EB y Aralar en las llamadas mociones éticas que se presentaros en los Ayuntamientos gobernados por ANV. Estos partidos han entendido -aunque el PNV no les va a la zaga- que sus posibilidades de crecer electoralmente pasa inexcusablemente por captar el voto radical.
La manifestación del pasado sábado en San Sebastián ha dado lugar a que algún periódico de la corte mediática de la ‹‹Derechosa Nacionalista Madrileña›› haya acusado a la Fiscalía, e implícitamente al Gobierno, de condescendencia con el mundo radical por no haber solicitado la suspensión del acto. Lo cierto es que la manifestación fue autorizada con condiciones por el Gobierno Vasco. La asociación Dignidad y Justicia sí solicitó la suspensión en la Audiencia Nacional, alegando que en la convocatoria había participado el cabeza de la lista ilegalizada de ANV al Ayuntamiento de San Sebastián. Los argumentos para la suspensión no han debido ser muy sólidos porque la Audiencia Nacional no los estimó.
El medio al que me he referido reconocía la posibilidad de que la solicitud de la Fiscalía fuera desestimada. “No siempre te van a dar la razón”, añadía. O sea que la cuestión no pasaba porque la Fiscalía actuara con rigor tras analizar el sometimiento a la legalidad del acto, sino que, al parecer, debía oponerse por sistema.
Por mucho que nos pese, el entorno etarra existe. No cuestiono, más bien todo lo contrario, la conveniencia de aplicar la legalidad, con todo el rigor, a un colectivo que ha hecho mucho daño a esta sociedad. La aplicación del Código Penal y de la Ley de Partidos a las personas y organizaciones que participan del terrorismo para mí es incuestionable, y no cabe duda del daño que en los últimos diez años ha hecho a las distintas expresiones de la banda. Ejemplo de ello son los datos que se han publicado en los últimos días en relación con la enorme dificultad que ETA está teniendo para captar nuevos miembros dispuestos a integrarse en las estructuras armadas. A casi ningún joven, por muy comprometido que se sienta con determinados objetivos, le resulta apetecible en la actualidad dejar atrás lo que tienen, por poco que pueda ser, y dar un verdadero salto en el vacío, asumiendo la posibilidad palpable de pasar el resto de la vida en la cárcel. Una cosa es acosar a concejales del PP en un mercado o participar en una manifestación para clamar por la supervivencia de la lengua y cultura vascas -sin duda en serio riesgo en los últimos treinta años- y otra es afrontar la realidad de la cárcel y el olvido.
Siguen existiendo círculos concéntricos en ese mundo, pero en la actualidad la proximidad al ‹‹ojo del huracán›› apesta.
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